martes, 28 de enero de 2014

Los géneros ocultos: Frágil como cristal

Desde el año pasado (¡cuánto tiempo!), me inscribí a esto que es Adictos a la escritura donde cada mes hay una iniciativa, idea o como quieran llamarle para escribir un relato. Este mes (enero) fue Escritura sorpresa, había que elegir una imagen y luego se revelarían los géneros para hacer un texto basándose en ambos.
Y el género: Fantasía
Antes que nada, aclaro que debí preparar el texto desde hace dos semanas pero lo terminé hoy... y también lo empecé hoy, así que no creo que sea lo más genial del planeta pero es algo. Espero les guste.


Frágil como cristal

Me encanta correr, me gusta sentir el bombeo de la sangre, el latido de mi corazón acelerándose y el sudor en mi frente y pecho. Ayer salí por la tarde, después de ducharme, con la primera botella de agua que encontré, corrí varios kilómetros (como siempre) pero ayer me detuve a ver el paisaje. Hacía un clima agradable, ni muy caliente ni muy frío. Pasé al lado de la playa. Desierta. Me quedé sentado un rato ahí, con las piernas estiradas, disfrutando del vaivén de las olas.


Después de agarrar la botella y tomar el último trago, comencé a escarbar un poco en la arena para enterrarla pero terminé haciendo un castillo cuando encontré una pequeña bandera azul con su asta que no podía ser más grande que mi meñique. De cerca, además de tener un fondo azul claro, alcancé a ver un pequeño escudo y estrellas en las esquinas de color verde espinaca. La aparté, seguí con mi intento de construcción, al final quedó un gran montículo de arena con tres montoncitos alrededor (si te lo preguntas, era el castillo y tres torres).

Aburrido, clavé la bandera en el centro del más grande y decidí irme antes de que el sol se metiera para aprovechar la luz que quedaba, pero mientras me sacudía la arena de los pantalones sentí que me mojaban. Me volví y vi un tornado azul en miniatura que encerraba a mi castillo que se disipó como si fuera gas dejando un poco de espuma blanca.

Ante mí apareció una espléndida pero pequeña fortaleza de cristal con puertas, arcos e incluso un puente entre las torres terminadas en pico, la bandera izaba en la punta de la más grande. Me quedé hipnotizado hasta que vi un hombrecillo de cristal girado hacia mí, moviendo la boca. Comprendí que trataba de comunicarse conmigo. Me agaché. Oí un extraño sonido chirriante a la vez que el pequeño hombre se movía y hacía señales. Creo que por fin entendió que no tenía ni idea de que quería decirme así que supongo llamó a otros ya que pronto se acercaron más personitas de cristal.

Superada (sólo un poco) mi sorpresa, me fijé en sus movimientos. Todos cargaban algo que sacaban de la arena que estaba a mi alrededor y lo llevaban a su castillo. Sus cabezas apenas me llegaban al talón. Parecían hormigas transparentes. Pensé en correr de vuelta a mi casa, que estaba demasiado cansado, que estaba alucinando después de haber estado mucho tiempo al sol. De todos modos me quedé, muy probablemente porque no pude detener mi curiosidad.

Los observé durante unos minutos cuando uno se me acercó (casi puedo asegurar que era el mismo que me estaba gritando). Por su semblante y cómo señalaba el castillo, supuse que quería que lo siguiera. Me fijé en el cielo y en que ya estaba empezando a oscurecer. Di unos pasos a la fortaleza pero me detuve en el momento en el que llegó una ola un poco mayor a las anteriores, estrellándose contra el castillo de cristal. Vi cómo la muralla se deshacía lentamente hasta dejar como único rastro un poco de arena. Mientras la gente transparente corría para tratar de arreglarlo, yo me quedé mirando con estupor su reacción.

No habían pasado ni cinco minutos en los que los hombrecillos habían reconstruido una parte de su protección cuando llegó otra ola, más grande aún. Una figurita desesperada se me aproximó y, con afán de ayudarlo, casi me arranca el calcetín. Caminé el poco tramo que me separaba de la construcción, no supe hacer nada más que observar. Más de la mitad del castillo se desmoronaba, al igual que algunas personas. Ahora sí alcanzaba a escuchar sus voces chirriantes.

Luego de algunos momentos de desconcierto, resignación y más olas, me acerqué a las ruinas arenosas del hermoso castillo de cristal que había estado ahí hace no menos de media hora. Metí mi mano y empecé a esparcir arena por todos lados. Me llené de alegría cuando encontré a un pequeño ser entre todo el desastre. Lo dejé en el suelo, comenzó a ayudarme. Él también parecía buscar algo. Lo encontró. Con mucho orgullo, tomo la bandera azul y dio unos pequeños saltos. De todos modos, la dejó cuidadosamente recargada en una piedra que halló. Yo no sabía qué encontraría pero el hombrecillo parecía muy decidido cuando regresó conmigo para seguir con el trabajo.

A pesar de que no era algo tan inmenso, es increíble cuanto tardamos en conseguir algo más y el esfuerzo que eso requirió. Apenas me acosté, sentí el roce de algo. Me apoyé sobre mis hombros y subí la cabeza. Mi compañero estaba señalando alegremente mi botella de agua como diciéndome que me la quedara, la que pensé en enterrar pero terminé optando por hacer un castillo. La botella tenía dentro algunas piedras que de seguro brillarían a la luz pero no podía estar seguro en ese momento ya que el sol ya se había ido. Traté de hallar alguna manera de agradecerle dejando claro que no me la quería llevar, ya todo había sido bastante raro.

Después de varios intentos fallidos de comunicación y un alejamiento sutil, corrí en la oscuridad de regresó hacia mi casa. Tratando de vaciar mi mente, me concentré en sentir cómo se estrellaba el aire contra mi cara, en sentir el contraer y retraer de mis músculos e intenté dar zancadas rítmicas. Comencé a sentir el sudor frío recorriendo mi frente cuando divisé la fachada de mi casa. En un santiamén, me encontraba frente a la puerta. Saqué las llaves de la bolsa de mi pantalón, abrí la puerta y prendí la luz. Fui a mi recámara y literalmente me aventé a ella. Hoy en la mañana, cuando fui a la cocina a desayunar, había una botella en el centro de la mesa de madera. Llena de piedras brillantes.

Jaime Cabrera

7 comentarios:

  1. Buenas noches, mucho gusto :)

    Un relato con mucha fantasía y algo de humor. Me gustó la solidaridad de los personajes, la facilidad con la que crean lazos.

    Un beso,

    Ellora

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  2. Hola! Bienvenido.
    Un relato que cumple con la consigna y está bien llevado.
    Solo un consejo: no contamines las playas!

    Saludos!!

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  3. Me ha gustado la manera de tratar el tema y cumplir con el requisito de este mes. Bienvenido al grupo. Saludos.

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  4. Un relato intrigante y un final que no me esperaba para nada. ¡Bienvenido! ¡Un beso!

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  5. Jaime: Antes que : BIENVENIDO a Adictos a la escritura, espero que te sientas a gusto entre nosotros.
    Una de dos: o eres muy fantasioso o no cuidas lo que fumas. Jajajaja, no me hagas caso. Me gustó tu relato, que cumple con el requerimiento del tema.
    Con mi afecto: Doña Ku

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  6. Que personaje inusual, primero colabora y luego huye... Y el otro, que agradecido.

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